Usted puede pertenecer a una de las dos clases de visitantes que atisben estas páginas: o es un marino con mayores o menores conocimientos y experiencia o, sencillamente, lo único que sabe de un barco es que hay una proa y una popa, y nada más.

Para los de la primera clasificación, la cosa es sencilla, porque hablamos el mismo idioma y pertenecemos a la comunidad acuática mundial (y, por qué no, hasta galáctica). Tal vez acá, en estas páginas electrónicas, encuentren algo que les pueda servir de utilidad y, al mismo tiempo, sea interesante.

Para los segundos, la eterna duda, siempre ligada a la edad, las neuronas y la vergüenza que parece implicar el haber llegado a acumular tantas primaveras sin haber flotado jamás. Si tienen un poco de interés, no esperen a la próxima reencarnación para realizar el sueño de navegar, sea a vela, remo o motor.

Si de algo les sirve, como aliento, piensen que yo, a los 26 años, jamás me había embarcado en cosa alguna, y de la náutica tenía la misma idea que de acupuntura esquimal o de cómo tañer una lira.

Es como que llegué tarde. Pero, igual, no me desanimé.

Bienvenidos, pues, todos ustedes.

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